![]() |
| En un mundo soñado. |
A veces aparecen esas preguntas curiosas que parecen simples, pero que en realidad esconden pensamientos muy profundos. Una de ellas dice: si pudieras desaparecer algo del mundo, ¿qué sería?
He escuchado muchas respuestas. Algunas personas dicen que desaparecerían al ser humano, porque según ellos hemos destruido demasiado, porque hay maldad, egoísmo y tantas heridas que parecen no tener remedio. Y aunque entiendo de dónde nace ese pensamiento —de la decepción, del cansancio de ver tanta injusticia—, no puedo evitar pensar que esa respuesta no tiene mucho sentido.
Si el ser humano desapareciera, ¿qué quedaría del propósito de este mundo? La tierra es hermosa, sí; los mares, los bosques, los animales… todo es maravilloso. Pero también es cierto que somos nosotros quienes podemos contemplar esa belleza, cuidarla, nombrarla y darle significado. Sin el ser humano, el mundo sería silencioso, sin historias, sin arte, sin sueños. No habría nadie que alabara un amanecer ni que se conmoviera con la lluvia cayendo sobre la ventana.
Por eso, si algún día me hicieran esa pregunta, creo que respondería algo muy distinto. Yo no haría desaparecer al ser humano; haría desaparecer el hambre y la maldad.
Imagino por un momento cómo sería un mundo donde nadie se duerma con el estómago vacío, donde ningún niño tenga que aprender demasiado pronto lo que es el sufrimiento. Un mundo donde la maldad no habite en los corazones, donde no exista el deseo de hacer daño, ni la envidia, ni la crueldad que a veces nace en las personas.
Quizás, si desaparecieran esas dos cosas, el propósito de la humanidad podría restablecerse. Tal vez recordaríamos que estamos aquí no para destruirnos, sino para acompañarnos; no para dominarlo todo, sino para cuidar lo que se nos ha dado.
A veces pienso que muchas de las palabras duras que escuchamos nacen de mentes cerradas o de corazones heridos. Son palabras que brotan desde la ira, el rencor o la decepción. Pero cuando se miran con calma, uno se da cuenta de que muchas de ellas están vacías de sentido. Son apenas un reflejo del dolor que alguien lleva dentro.
Por eso creo que el mundo no necesita menos humanidad; necesita más conciencia, más compasión, más bondad. Porque cuando el ser humano recuerda quién es realmente, también recuerda que puede hacer cosas hermosas.
Y quizás ahí está la esperanza: en que, incluso en medio de tanta confusión, todavía podemos elegir ser mejores.

Comentarios
Publicar un comentario